Diferencia entre consecuencia natural, consecuencia lógica y castigo

Cada vez se ven más familias que deciden apostar por una educación respetuosa y dejar de lado los castigos. Está sobradamente demostrado además que funciona mucho mejor, en el cerebro del niño, si la motivación a “portarse bien” es interna y no por miedo al adulto. Es por eso por lo que, se ha empezado a integrar en la educación los términos consecuencias lógicas y consecuencias naturales. Lo que pasa es que a menudo genera confusión y muchos padres y madres de Montessori Village nos han expresado sus dudas sobre este término.

Lo bonito de la crianza es que como padres y madres aprendemos de nuestros errores y somos el ejemplo de nuestros hijos e hijas. Así que, si tras conocer la definición, igualmente has usado una consecuencia lógica como castigo, no te desanimes porque aún estás a tiempo de cambiar y mejorar.

Es importante destacar, que hay una línea muy delgada entre las consecuencias naturales y las lógicas, y a veces se cree que se está respetando al infante, pero es un castigo disfrazado. Por eso es esencial definir los términos. Antes de nada conviene que en vuestro hogar queden claros los límites y según qué edad, que sean acordados en las Family Meeting, reuniones familiares de las que ya hablamos.

Qué son las consecuencias naturales

Las consecuencias naturales son aquellos hechos o acontecimientos que resultan de otro. Estas servirán, sin que tengamos que hacer ningún refuerzo adicional los adultos, para aprender a asumir las consecuencias que se derivan de una conducta.

Pongamos un ejemplo: si en pleno verano tu hijo o hija decide ponerse las botas de agua, la consecuencia lógica es que va a pasar calor.

Este ejemplo supondría un aprendizaje si:

  • El adulto no le previene, aunque el adulto sí puede decir “veo que hace calor, yo me voy a poner unas chanclas para tener los pies fresquitos”. Y no añadir nada más sobre el acto del menor.
  • En la calle se da cuenta que se cuece los pies. Entonces, enfurruñado y posiblemente enfadado querrá volver a casa para cambiarse. Esto tendrá otra consecuencia negativa como que no podrá realizar la actividad planeada (ir a la playa o al parque o a tomar una rica y sana merienda saludable). Algo que le hacía mucha ilusión.
  • El adulto debe atender su frustración. Y una vez calmado, le podremos preguntar qué calzado se puede poner en verano y que ha aprendido de esta decisión para que no vuelva a suceder. Quizás, el niño lo diga antes de que le hagamos la pregunta.

Si el adulto le dice “te lo dije” o “claro, es lógico, es verano, ¿cómo se te ocurre ponerte botas de agua?” o reproches de este tipo, que suponen una falta de respeto al menor, y/o además le da la solución a su aprendizaje, JAMÁS aprenderá de sus actos.

Pero si el adulto permanece callado, tan sólo atiende a sus emociones, le acompaña, y le da pie a que adquiera sus propias conclusiones, entonces SI aprenderá de sus actos.

Sé que parece difícil, requiere de mucha paciencia y de un cambio de visión. De esta manera, conseguimos que el infante aprenda, que cometa sus propios errores y tome sus propias decisiones. Eso sí, siempre que esas decisiones no ocasionen peligro a su salud y/o a su integridad física.

Qué son las consecuencias lógicas

En este punto retomamos los límites acordados en familia, para mayores de 3 años, o por los adultos. Por ejemplo, dichos límites podrían ser: no agredir a personas o animales, lavarse las manos antes y después de comer, lavarse los dientes, cruzar de la mano, etc.

En este caso, hay una intervención del adulto y es donde entran en juego las consecuencias lógicas. Porque no podemos permitir que experimenten las consecuencias naturales que supondrían un peligro a su seguridad o una falta de respeto hacia terceras personas.

Entonces, ¿cómo lo hacemos? Hacerle preguntas para que pienses por si mismo, por ejemplo “¿Te gustaría cruzar la calle de la mano de …?”, o “veo que quieres jugar a la pelota, ¿qué te parece que salgamos al parque?” o” ¿dónde crees que podemos jugar a la pelota sin dañar los muebles de la casa?”.

Cómo hemos comentado antes, existe una línea muy delgada entre consecuencia lógica y el castigo, porque si el niño coge un palo, daña a otro y el adulto le quita el palo diciéndole “como has pegado a “menganito” te quito el palo porque no estas preparado para jugar con el”. Esto no es un aprendizaje, sino un castigo.

Lógicamente, si el niño es demasiado pequeño para entender la relación causa-efecto, es normal que tengamos que recordarles a menudo cuáles son los límites. Lo más importante de todo esto es que no queremos reprimirles o condicionarles, “si no haces esto pasará esto otro”, sino más bien centrarnos en buscar una solución respetuosa y razonable.

Las consecuencias lógicas no son una imposición correctiva del adulto sobre la conducta del menor, sino que se le informa de lo que va a suceder tras el acto. Aquí so dejamos un post de Tigriteando y otro de Pequefelicidad que lo explican muy bien.

Con estas consecuencias nuestros hijos irán entendiendo poco a poco y a través de sus propias vivencias y experiencias, los resultados de sus actos, tanto negativos como positivos. Las consecuencias lógicas y naturales nos ayudan a erradicar el castigo de la educación y a que los niños descubran cómo sus actos tienen una respuesta natural en su entorno que les invita a ser mejores personas cada día.

Os recordamos que en menores de tres años es difícil que lo entiendan así que, con paciencia, tendremos que redirigir, distraer y conectar. Pero sobre todo como adultos debemos no tomarnos sus actos como algo personal, porque no lo son.